Micocyl informa de que queda prohibida la recolección de setas en el monte de utilidad pública nº 60 “Valle de Iruelas”, integrado en el acotado micológico AV-50.003 “Gredos”, como consecuencia del incendio que afectó este verano a la zona. En la superficie quemada se están ejecutando trabajos forestales y el terreno se encuentra en una fase crítica de recuperación.
Un monte en obras
El monte nº 60 “Valle de Iruelas”, propiedad del Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Ávila, en el término municipal de El Barraco y Navaluenga, es uno de los de mayor extensión del acotado, con 5.575 hectáreas catalogadas. Buena parte de su superficie resultó afectada por el incendio declarado el pasado 22 de julio.
En estos momentos se están ejecutando en la zona labores de retirada del arbolado quemado y otros trabajos de restauración, con maquinaria pesada operando en pistas y laderas. Conviene recordar que el artículo 10 del Decreto 31/2017, que regula el recurso micológico silvestre en Castilla y León, no permite la recolección de setas allí donde se estén llevando a cabo aprovechamientos maderables o leñosos ni otras operaciones forestales con maquinaria.
Hay además un riesgo que conviene no subestimar: el del arbolado muerto en pie. Son árboles que han perdido la sujeción de sus raíces y que pueden caer en cualquier momento, con un riesgo que se multiplica los días de viento y tras las lluvias.
Por qué no conviene pisar el suelo quemado
Más allá de la prohibición, hay una razón que afecta directamente al futuro del monte. Tras un incendio, el suelo pierde la cubierta vegetal y la hojarasca que lo protegían, y queda expuesto: el agua corre en lugar de infiltrarse, se abren cárcavas y las cenizas y los sedimentos bajan ladera abajo hasta cauces y embalses.
En ese escenario, el tránsito de personas no es inocuo. El pisoteo compacta un suelo ya debilitado, destruye las plántulas que empiezan a asomar y acelera la erosión precisamente en las laderas que menos pueden permitírselo. La regeneración de los primeros meses es extraordinariamente frágil.
Y tampoco habrá setas
Conviene explicarlo, porque no resulta evidente. Las especies que busca la mayoría de recolectores —boletus, níscalos, llanegas, rebozuelos— son hongos micorrícicos: viven asociados a las raíces de árboles vivos, que les ceden azúcares a cambio de agua y nutrientes. Cuando el arbolado muere, el micelio pierde su fuente de alimento y desaparece con él.
Por eso, en una superficie arbolada calcinada, la producción de estas especies no se reduce: se interrumpe. Y no se recupera hasta que vuelve a haber arbolado establecido, lo que se mide en décadas.
Lo que sí coloniza los suelos quemados son los hongos pirófilos o carboneros, especies saprótrofas sin interés gastronómico que forman la primera costra biológica y ayudan a fijar el suelo. Cumplen una función de reconstrucción que conviene no interrumpir.
Dónde sí
El resto de montes del acotado AV-50.003 no afectados por el incendio mantienen sus condiciones habituales de recolección. La información actualizada sobre montes regulados, limitaciones y condiciones está disponible en la ficha del acotado en www.micocyl.es.
Se ruega a los recolectores que respeten la señalización y las indicaciones del personal de vigilancia y de los agentes medioambientales.


